Un ambicioso estudio internacional demuestra que las placas en las arterias se acumulan en silencio desde los 18 años, mucho antes de lo que se estimaba. Los investigadores proponen diagnosticarla precozmente con pruebas de imagen sencillas para prevenir la mitad de los infartos e ictus.
La enfermedad cardiovascular no suele aparecer de un día para otro. Por el contrario, es el resultado de un daño continuado e imperceptible durante décadas. Sin embargo, un nuevo marco de investigación está redefiniendo por completo los tiempos de su desarrollo. Un estudio denominado REACT, liderado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) de Madrid en colaboración con el Rigshospitalet de Copenhague, demuestra que la aterosclerosis silenciosa (la acumulación de placas de grasa en las arterias) comienza en etapas muy tempranas de la vida adulta.
El trabajo, publicado en The New England Journal of Medicine y presentado en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, evaluó a más de 16.800 adultos asintomáticos de entre 18 y 70 años mediante técnicas avanzadas de imagen (ecografía 3D y tomografía). Los resultados revelaron que el 57,1% de los participantes presentaba placas de ateroma en las arterias, aun sin haber sufrido nunca un infarto o un ictus.
Evolución por edad y diferencias según el sexo
Uno de los descubrimientos más impactantes del proyecto es la irrupción temprana de la patología: 1 de cada 13 jóvenes de entre 18 y 29 años (un 7,7%) ya presenta aterosclerosis silenciosa. Esta cifra crece de forma continuada con el paso de los años hasta alcanzar al 90% en la población mayor de 60 años.
El estudio también pone de manifiesto notables diferencias de género:
- Mayor incidencia masculina: La prevalencia global alcanza el 63,4% en hombres frente al 50,9% en mujeres.
- Aparición anticipada: En los varones, las placas empiezan a acumularse entre 5 y 10 años antes.
- Efecto de la menopausia: En las mujeres, el desarrollo de las placas se acelera considerablemente entre los 40 y los 60 años.
Hacia un cambio de paradigma en la prevención cardiovascular
Actualmente, el cálculo del riesgo cardiovascular se basa en algoritmos tradicionales (como el sistema SCORE2) que miden variables indirectas como la edad, la presión arterial o los niveles de colesterol. Sin embargo, el estudio demuestra que estos baremos clásicos no logran detectar a la gran mayoría de las personas con enfermedad asintomática, dejando fuera a colectivos jóvenes o a personas con estilos de vida aparentemente saludables cuyos niveles de colesterol alto responden a causas metabólicas o genéticas.
El Dr. Borja Ibáñez, director científico del CNIC y codirector de la investigación, aboga por sustituir el cálculo indirecto por una detección directa de la placa. Para ello no hacen falta pruebas complejas o con radiación para toda la población, sino un simple cribado con ecografías vasculares rápidas de bajo coste en carótidas (cuello) y femorales (piernas), áreas donde se refleja la presencia de aterosclerosis en más del 80% de los casos.
Según estimaciones del equipo investigador, esta intervención temprana permitiría evitar más del 50% de los eventos isquémicos graves (infartos, ictus y muerte súbita) en el futuro, transformando el manejo de la salud cardiovascular desde la juventud.


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